viernes, 17 de mayo de 2013

¿DE QUIÉN SON LOS PARTIDOS?



La crisis económica y social - y la corrupción- están arrastrando, a una buena parte de los ciudadanos españoles, al derrotismo frente al futuro y a la incredulidad en los partidos. Le pese a quien le pese, lo cierto es que no existe mejor vía para la convivencia que la de esas fuerzas políticas que ahora algunos oportunistas –y a veces autoritarios- quieren sustituir con movimientos asamblearios, algunos de ellos de dudoso origen e intenciones poco claras. No se construye la prosperidad ni se mantienen las libertades desde el dictado de las turbas. Está escrito en la historia del mundo.

Pero, ¿de quién son los partidos?

Si hiciéramos una encuesta preguntando de forma simple a los ciudadanos, ¿sabe usted quiénes son los propietarios de los partidos?, muy posiblemente la respuesta mayoritaria sería la que se puede deducir de una lógica superficial, casi refleja: “Los partidos son de ellos mismos, de sus militantes”.

Tal vez la erradicación de esta premisa debería ser lo primero a abordar antes de legislar sobre lo que ahora existe . ” Los partidos políticos son, una vez se han constituido, patrimonio de la sociedad”. Así de simple y así de complejo, ya que su puesta en práctica implicaría echarle un auténtico pulso al tradicional sentido patrimonial que los españoles tenemos de las cosas más intangibles, comenzando por esa tendencia a creer y defender como propia una determinada manera de pensar y acabar encasillando a los ciudadanos en bandos. Y si son inconciliables, aún mejor.

Y un partido, si bien es un intangible por cuanto proviene de la unión de ideales y principios de unos ciudadanos bajo unas siglas, resulta, además, una vía para llegar al poder, para administrar las cosas públicas y  hacerlo correctamente, con pulcritud,  o de forma deplorable, metiendo mano en el cajón a través de los manejos turbios en el gasto proveniente de los dineros recaudados.

Hay quien puede pensar que se ha de partir de lo actual….arranquemos del Tribunal de Cuentas, pero mejorando su eficacia. Pero no, y creo que no vale, ya que la propia composición de este organismo, en la que intervienen los mismos partidos, no le invalida ni desacredita,  pero sí que pone en cuestión su “excelencia”, que es, al fin y al cabo, lo que buscamos.

El organismo o sistema que garantice el correcto funcionamiento de los partidos, no debería sostenerse con el método con el que se constituyen  otras instancias de gran importancia, CGPJ, TC… en las que finalmente son los representantes del pueblo en las Cortes los que conforman mayorías de un signo u otro. En el caso de los partidos, se ha de ser más estricto, ya que no se trata de formar mayorías que se inclinen hacia un lado u otro, sino de todo lo contrario y que además provoque que el juego sea más limpio. Y para ello, como ocurre en el saludable mundo del deporte, hace falta árbitros.

Existen otras soluciones mejores, seguro. Pero yo pienso que para que nuestros partidos políticos recobren la confianza pública que han perdido, se debería crear una suerte de Departamento para Asuntos Internos. Imagino a un cuerpo de profesionales, de sólida formación jurídica y capacidad ejecutiva, casi policial, formado por quienes hayan superado unas pruebas de selección de muy alto nivel.

Sí, acierta el lector. Como si fueran inspectores de Hacienda –al fin y al cabo se trata también de combatir el fraude- pero con una diferencia importante. Estos profesionales de la Administración deberían  estar dentro de los partidos. No como contables ni responsables económicos, sino en comisión de servicio.
Al fin y al cabo, un partido político, si lo que decía al comienzo de estas líneas es cierto y resulta que es propiedad de la sociedad, ¿por qué no va a ser aceptable que un profesional de la Administración trabaje puertas adentro?  Si a esa entelequia sumáramos una correcta rehabilitación de la figura de los secretarios municipales y una equivalente en las diputaciones, la mitad del camino ya estaría andado.

Las tentaciones de actuar de forma impropia, por ser de arriesgado final y escándalo aún mayor, serían mucho menores y tendrían difícil camuflaje o letargo en el ámbito de la justicia.

Este planteamiento debería ser debatido en una nueva Ley de Partidos Políticos insisto, a fondo, no con parches aparentes,  en la que habría que anclar otros pilares no menos importantes. Hacerlo, además, al tiempo de sembrar entre los ciudadanos, desde que son pequeños, los conceptos básicos de la ética, de la buena conducta. Sin nombres controvertidos, simplemente “ética” que actualmente no se si forma parte de los programas educativos y sin enfrentarla con asuntos religiosos, para que más tarde  los bachilleres, después universitarios, profesionales de un oficio o cualquier ciudadano, pueda dar un buen golpe en la mesa cuando los comportamientos indecentes trasciendan.

Es muy difícil y por ello un sueño para que los de mi generación, la del 50, lleguemos a verlo.

Javier ZULOAGA

sábado, 11 de mayo de 2013

CUANDO EUROPA ENTRÓ EN ESPAÑA


El profesor Fuentes Quintana, el gran teórico de la política económica de los gobiernos de UCD, dijo en una ocasión que con el Acuerdo Económico Preferencial de España con la CEE, 1970, España entró en Europa, mientras que con el Acta de Adhesión, 1 de enero de 1986, fue Europa la que entró en España. La cosa tiene su miga, más aún con la que está cayendo y se me ocurre que si el político no hubiera muerto y repitiera esa misma frase hoy, generaría una buena polémica.

Alberto Ullastres, tecnócrata del franquismo, de la misma cuerda de aquellos ministros del Opus Dei que durante no pocos años llevaron las riendas económicas del Régimen y que perdieron fuelle a raíz del famoso “Caso Matesa” (los más jóvenes pueden buscar con el Google para situarse en aquel escándalo político y económico), mantuvo encendida la esperanza de que España algún día estaría con quienes fundaron la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Fue nuestro primer embajador en Bruselas.

Para Franco, que ya le costó lo suyo que el Presidente de EE.UU., Ike Einsenhower, viajara a Madrid, dar carpetazo a la autarquía de la Postguerra y conseguir que el plan Marshall no fuera más que una película, Europa era algo imposible y por ello anduvo con Bruselas como lo ha hecho Marruecos durante los reinados de Hassan II y Mohamed VI. Éramos el califato del Sur de los Pirineos y colábamos todo lo que nos dejaban, mercancías y emigración hacia una Europa que abría sus fronteras internas y generaba prosperidad.

Iniciada la Transición y evidenciada su fragilidad con la intentona golpista del 23-F, el gobierno de Felipe González tuvo que negociar, desde la debilidad, aquella adhesión que Fuentes Quintana, como decía líneas arriba, leyó en trayecto inverso. Es decir, que fue Europa la que entraba en España. Le he dado vueltas al asunto y me han venido algunos recuerdos.

Había que entrar y no hacerlo más tarde que Portugal –lo hicimos juntos el 1 de enero de 1986-  gracias a esa decisión política los sueños involucionistas quedaron diluidos en un país que además se integraba en la Otan, pero tuvimos que pagar el desarme, ¿el derribo?, de una estructura económica que hoy, 27 años después, me producen, al menos a mí, cierta nostalgia y algunas dudas sobre la bonanza final de la historia, si es que los más catastrofistas sobre la UE acaban teniendo la razón.

La incorporación de España a la CEE fue dura para el sector primario español por las reticencias francesas e italianas hacia la agricultura española y el aceite. Se impusieron periodos transitorios a aquellos productos en los que resultábamos competitivos y en general en aquellas cuestiones en las que eramos un moscardón, incluida la libre circulación de los trabajadores y la pesca, que obligó a amarrar en más de una ocasión a las flotas de altura.

Es cierto que hubo compensaciones muy importantes, de carácter estructural, que España hubiera tardado mucho en concretar en solitario, pero es discutible y por ello defendible, que nuestra economía se quedó un tanto desnuda al desaparecer no sólo buena parte de su tejido agrario, sino también el industrial de dimensión mediana , algo parecido a lo que ahora llamamos Pequeñas y medianas empresas. Y nuestra artesanía quedó casi atrapada en los museos antropológicos.

Conozco un caso de éxito “emprendedor”, ¡palabra mágica!,  que se sostiene en la rehabilitación de telares de la vieja Cataluña textil, para su exportación a países que progresan en América o en Asia. Nuestras cenizas renacen, de esta manera,  en lugares en donde los trabajadores siguen donde estaban quienes les enseñaron a sobrevivir y no han sido absorbidos laboralmente y con una mínima especialización, por un modelo económico en el  que la materia prima son el ladrillo y el hormigón, que como todo el mundo sabe no son ni exportables ni sirven para alimentarse, sino para todo lo contrario si la burbuja estalla.

He buscado consuelo en las páginas de los diarios y he ido parar a la crónica de Isidre Ambrós en “La Vanguardia” del domingo 14 de abril, "El país del Sol Naciente recupera la sonrisa". Nos cuenta cómo en Japón, tras la llegada del actual Primer Ministro, Shinzo Abe, las cosas pintan mejor tras quince años difíciles por la deflación y los desastres naturales. ¡Lean la crónica, merece la pena!. Nuestros Nini son allí Niños que nunca han conocido el crecimiento económico. Las exportaciones han recuperado su tradición tras la devaluación de un 20% del yen, la bolsa ha subido un 20% y la gente vuelve a hablar, incluso, de subidas de sueldos.

Ese optimismo, cuenta Isridre Ambrós, hace que resulta cada día menos abrumador el endeudamiento del 200% del PIB japonés, el más alto del mundo industrializado y que los ciudadanos confíen en un político cuya popularidad  ha aumentado  más de un 70% por tercer mes consecutivo, pese a los paquetes de medidas que se propone abordar, que serán duros.

¿Vale la comparación?

No. Japón no es Europa.

Javier ZULOAGA 

domingo, 21 de abril de 2013

PREDICAR EN LA METRÓPOLI



Hace tres semanas dedicaba mi último artículo al Continente Viejo, esa Europa que  se deshace en las contradicciones a las que le han llevado sus errores en el intento de ser una sola cosa política y económica sobre el escaso sustento monetario (la  libra esterlina dijo no) y la creación de una estructura administrativa sobre cuya sobredimensión aún no se ha entrado aún a debatir. Que no se asuste el lector, que no redundaré más en el asunto.

Sí, la Vieja Europa lo parece aún más cuando, como ocurrió el pasado viernes 19 de  abril, algunos ciudadanos conectamos el canal 24 horas de TVE para ver y escuchar la entrevista que la periodista Ana Ibañez hizo al presidente de la República de Ecuador , Rafael Correa http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/la-noche-en-24-horas/correa-ley-hipotecaria-inmoral/1776307/?media=tve .

Tras La desaparición de Hugo Chávez, paradigma del carisma y seguramente el mejor ejemplo de cómo no hay que gestionar la economía, Rafael Correa ha quedado como referente de un populismo que, en su caso, puede sacar pecho, hoy, por los resultados económicos que ilustran la mejora de economía de Ecuador.

Correa tiene una aleación política diferente a la del redentor venezolano. Tiene formación –es doctor en economía- y sobre todo se diferencia de los caudillos latinoamericanos, en que pasea sus triunfos por Europa . Así, a la brava –se acabó pasarnos el día recibiendo en nuestros aeropuertos y rindiendo honores- para que se sepa y, de paso, para llenar los pulmones de nostalgia a los muchos miles de emigrantes que un día viajaron desde su país hacia Europa, principalmente España.

Y viene a vernos, tras reunirse con Angela Merkel y se sienta delante de las cámaras, a pelo, en el programa  “La noche de 24 horas TVE”, ante una buena, muy joven y seguramente por ello muy agresiva periodista. La oportunidad para ella fue única, pero no sacó de sus casillas al presidente ecuatoriano en el telón de Aquiles del populismo: la intransigencia con los medios de comunicación disidentes con la gran revolución de turno.

Quienes seguimos  la actualidad de lo que pasa en estos países y en buena medida aquí también, sabemos bien que la docilidad es clave, pero lo cierto es que Correa   despachó el asunto invitando galantemente a Ana Ibáñez a ejercer su profesión en Ecuador. Lo hizo de forma seductora y criolla, muy varonil él y marcando con intención sus rasgos  raciales al sonreír.

Estaba en Madrid, en horas de gran audiencia y además despachándose con argumentos que, a mí por lo menos, me hicieron pensar que, mira por donde, los de las colonias vienen a leernos la cartilla a los de la metrópoli. Una devolución de visita, más de quinientos años después de que nosotros, los ingleses y los portugueses, sentáramos las bases del Nuevo Mundo.

-He llamado a Mariano Rajoy y le he dicho que estamos a su disposición- dijo Correa antes de recordar que en la cumbre de las Américas, hace pocos meses, ya nos dijo a los españoles que aprendiéramos de Latinoamérica, en donde son expertos en crisis.

“Te dejan el paraguas cuando hace sol y te lo quitan cuando empieza a llover”, dijo el presidente ecuatoriano” al referirse al orden económico internacional;  puso como ejemplo la gran crisis mejicana de 1982  y se apoyó en la propia salida de Ecuador de la  grave situación en la que se encontraba cuando él llegó al poder, recomprando su deuda al precio que marcaba el mercado. Disparó sus éxitos, que son ciertos -¿qué iba a hacer si no?- y que hacen que a Ecuador se le conozca ya en el mundo económico como El Jaguar.

Un desempleo que llega al 5%, un índice de pobreza que ha descendido del 36% al 27% entre 2007 y 2012 y una abundancia económica, en gran parte derivada de sus yacimientos petrolíferos, pero con un gasto publico respecto al PIB, ¡ahí es nada! que ha subido del 23% al 50% en los últimos cinco años.

Déjenme que pregunte como ahora se estila, ¿Será sostenible? Pues lo cierto es que ha venido a mi cabeza aquella Argentina de Juan Domingo Perón cuando en 1946 llegó al poder en Argentina y se encontró las arcas públicas repletas, tánto, que el país ayudó a dar de comer a una Europa que se recuperaba de la II Guerra Mundial. Lo que pasó después es público y está bien registrado en la historia.

Todo es sostenible…hasta que deja de serlo.
Javier ZULOAGA  

domingo, 31 de marzo de 2013

EL CONTINENTE VIEJO


Estudiábamos en el colegio que la Edad Contemporánea es aquella que comenzó con la Revolución Francesa y ha transcurrido hasta nuestros días. Más de doscientos años plenos de acontecimientos. Dos guerras mundiales, la última con final nuclear; las revoluciones industrial y tecnológica; el nacimiento de una clase media poderosa; la apariciónde nuevas naciones como consecuencia de la emancipación de las colonias; el bochornoso saqueo europeo de África; el final del sueño de Lennin, el laberinto del Mediterráneo árabe y judio… (puede el lector añadir todo aquello que le venga a la cabeza y que toda seguridad está en el tintero) y nos encontramos frente al dilema de qué debería ocurrir para pasar de la Edad Contemporánea y dar paso a la siguiente, cuyo nombre es ahora imposible imaginar.

Me cuesta aceptar que durante los últimos cincuenta años, no se hayan producido acontecimientos o fenómenos de suficiente naturaleza para pasar otra gran página en el libro de las edades de la Historia.

Vivimos en 2013 y tengo el presentimiento de que ya estamos en las vísperas, porque el escenario en el que nació la actual edad histórica hace ya aguas por demasiadas vías y, sobre todo, porque se están deshaciendo como azucarillos aquellos principios de la Vieja Europa –tal vez deberíamos comenzar a hablar de la Europa Vieja- que arrancaron con el estado moderno que los franceses exportaron al mundo que quería ser civilizado.

Los diarios de esta semana ponen sobre papel lo que François Hollande ha dicho en la entrevista que le han hecho el canal France 2. El presidente de Francia, en horas bajas de popularidad según las encuestas, no ha tenido empacho en hablar claro y duro, tal vez porque sabe que poco puede perder y que los ciudadanos –los suyos y en general los europeos peor parados- andan hambrientos de palabras claras.

Dice Hollande que la austeridad, se sobrentiende que apunta con diplomacia a su gran matrona alemana y aliados económicos adyacentes, puede condenar a Europa a la “explosión”. Más populismos, extremismos, neonazismos y sobre todo egoísmos nacionales. Todos ellos mucho más letales que la penuria misma. El Presidente de Francia ha puesto el dedo en la herida pocos días después de que en el Reino Unido se repitieran los anuncios de que en sus hospitales no hay tiritas para todos los europeos y que por sus fronteras puede comenzar un mayor control para los ciudadanos de la UE. O de que Jeroen Disselbloem, holandés que preside el Eurogrupo, nos metiera el miedo en el cuerpo a los europeos al decirnos que lo de lo de incautación de los depósitos chipriotas es sólo un botón de muestra dentro de la UE.

Han sido días en los que algunos hemos empezado a preguntarnos si lo de Italia, en donde un asambleario Grillo quiere mandar, sin gobernar, después  de llamar puteros  a los políticos de los partidos de siempre  y exigirles que dejen de “dar por culo” con su búsqueda de la gobernabilidad, es la toma de La Bastilla que también buscan otros alternativos, que aunque moderen un poco más su forma de predicar, lo que quieren es poder decir que son los representantes únicos de los malparados. El monopolio de la miseria.

No sólo algunos dementes democráticamente elegidos –en la historia más de uno ha llegado a ser muy poderoso- vomitan en lugar de razonar, sino que quienes piensan cómo salir de este atolladero empiezan a hablar claro, aunque no lo hagan del todo. ¿Cuánto tiempo tardará Hollande en apuntar por su nombre a Angela Merkel por querer salvar los dedos de los créditos que su país no puede cobrar en las miserias económicas de quienes precisamente auparon con generosidad a Helmut Khol en 1989, cuando la suma de la economía de las dos Alemanias se venía abajo con la caída del Muro de Berlín?. ¡Ojo a la historia!

Hace pocas semanas, en Barcelona, el Vicepresidente europeo Joaquín Almunia, decía en el Círculo Financiero de “la Caixa” que Europa era la solución, pese a que sus árboles problemáticos no nos dejen ver el bosque. No sé, pero cuando le oí me sentí fugazmente animado, pero miro ahora an mi alrededor y veo cómo el Viejo Continente, además de viejo, no es ya la panacea, ni el epicentro del mundo y que tal vez haya que comenzar a escuchar lo que dicen desde Suráfrica las potencias del BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Surafrica. Sí, aquellos países que no contaban para casi nada hace cincuenta años, cuando el Viejo Continente tenía menos achaques.

Javier ZULOAGA

viernes, 15 de marzo de 2013

EL PAPA PORTEÑO Y EL POPULISMO



En este blog, Venezuela siempre ha tenido espacios destacados. Puede ser que tenga algo que ver que una parte de mi familia paterna emigró a aquel país tras la Guerra Cívil –el hermano mayor de mi padre  está enterrado en Caracas- y nuestro apellido suena casi más allí que aquí y coinciden los nombres del que fuera Gobernador de la colonia de Venezuela en el siglo XVIII, Gabriel Zuloaga y Moyúa, con el del editor de Globovisión, que hace pocos días tiró la toalla de la información frente al empuje, mejor llamarla coacción, de la revolución populista creada por el desaparecido Hugo Chávez.

"La Gran tentación", que publiqué el pasado mes de octubre contiene mis opiniones sobre lo que ha pasado en Venezuela desde Chávez entró en escena, incluidas las responsabilidades de quienes le precedieron y dejaron que  todo se corrompiera hasta el punto que el mesianismo pudiera apalancarse en un sistema político al que aún le queda recorrido. No me extenderé más.

Hoy mi reflexión  viene animada por la rápida sucesión, inmediata en el tiempo, de la muerte del líder venezolano y la elección, como Papa, del argentino Jorge Mario Bergoglio. Es el primer pontífice no europeo y hasta su elección estaba al frente de la diócesis de Buenos Aires. Jesuita y por ello compañero de algunos miembros de la Compañía de Jesús que no dudaron en defender un papel de la Iglesia más comprometido socialmente.

Tiene verbo fácil y espontáneo, lo que puede significar que dice lo que piensa. El Papa Francisco viajará en Julio a Brasil para presidir la Jornada Mundial de la Juventud y en el Vaticano dan como probable que se acerque también a Buenos Aires.

Seguro que en las democracias populistas de América andan con la mosca detrás de la oreja porque sus dirigentes saben bien de la buena cosecha que suele reportar la manipulación de los sentimientos, ya sean étnicos como en Bolivia o revolucionarios de corte historicista como en Venezuela. En Argentina también saben, quizás los que más, cómo un pueblo sigue a un líder y de qué manera sus herederos sacan buen provecho de la nostalgia, como si la vida fuera un tango.

¿Hubieran preferido un Papa italiano, alemán o de Quebec? Pues seguramente si, de la misma manera que la elección de Karol Wojtyla, al que tuve la oportunidad de conocer en 1972 cuando era Arzobispo de Cracovia, hizo temblar los fundamentos de Europa del Este.

Con Francisco como pontífice, las multitudes latinoamericanas van a prestar mayor atención a lo que se diga en Roma, en donde un hijo de emigrantes italianos llegados a Buenos Aires hace poco más de un siglo, uno de los suyos, se va a convertir en referente ético de los católicos de América y de sus gobernantes. Es decir, de casi todos, por no decir todos.

La muerte de Chávez, que el aparato bolivariano envolvió en religión para darle una pátina que convertía al presidente en una suerte de santo o apóstol de los pobres, lo tiene ahora un poco más difícil, ya que hasta las viviendas más marginales de Caracas, con televisión seguro, van llegando los gestos de autenticidad social en los que la Iglesia no se había prodigado en los últimos tiempos. Los populistas pueden perder un espacio que habían invadido sutilmente o de forma descarada y la Iglesia recuperarlo.

Y tal vez por ello, lo de embalsamar el cuerpo del difunto y exponerlo junto al Libertador Bolívar como legado letal para las siguientes generaciones, parece que va perdiendo fuerza, aunque seguro que en esta evolución hacia la normalidad, puede haber influido el sentido común de no pocos chavistas, una vez el intelecto empezó a sobreponerse a sus emociones.

No, Chávez no se parece en nada a Gandhi… que además fue incinerado.

Javier ZULOAGA

domingo, 17 de febrero de 2013

CUÉNTAME



“Lo que hay que hacer ahora es ver “Cuéntame”- me decía hace unos días un buen amigo cuando yo llevaba ya un buen rato dándole la vara y rebozándole con mi obsesivo relato acerca de los escándalos y las corrupciones de cada mañana - Es lo más sano y, si además tienes el mando de la Tv en tu poder, cambia de canal cuando lleguen los informativos y pon los 40 Principales o RAC105, porque la buena música es más higiénica que una buena lejía. Y si además puedes y a ella le apetece, pues te das un buen revolcón. Si haces todo eso, serás otro o volverás a descubrir que la vida sigue existiendo. Es lo mejor Javier, de verdad”.

Me dejó perplejo porque estaba desmontando, con palabras sencillas, casi simplezas, el mundo de lo aparente y abrumadoramente trascendental, sin recurrir a mayores razonamientos que el de animarme a estar al día sobre lo que ocurre en San Genaro con las vidas de Antonio, Inés, Toni, Carlos, Herminia, Miguel, Paquita y Françoise y demás personajes

Lo de “Cuéntame”, como hace años lo fue también lo de “Aquí no hay quien viva” refleja la vida real, la de la gente corriente, la que trampea como puede cuando lo del bolsillo no llega, la de los conflictos de la adolescencia, las relaciones de vecindad, la de los apaños para llevarse al huerto a la vecina, la de la vida de las jubiladas, la de los hijos que se van de casa y el desgaste de la salud y el cáncer. Son una parte de las cosas que forman parte de la vida real, la que evoluciona por si misma sin que nadie meta mano para que vaya en una dirección determinada.

En la serie de Imanol Arias y Ana Duato revivimos hace un par de semanas la célebre jornada de El Tejerazo, aquel 23-F de 1981, pero lo hicimos desde la óptica del espectador, no de la de los protagonistas estelares. Eran ellos, los ciudadanos no importantes, quienes nos llevaban y despertaban unos recuerdos que, quienes vivimos aquel momento, nunca podremos olvidar.

La miniatura de las cosas diarias, de acuerdo con lo que mi amigo me recomendaba para que enfriara la cabeza, se puede estar convirtiendo en refugio válido frente al caballo desbocado de una actualidad que cada día desborda a los analistas más capaces. Revelaciones y mentiras, grandes mentiras, que se convierten en medias verdades con el recurso hábil de la dialéctica. Lo obvio se convierte en falsas apariencias y la visión de la realidad de las cosas graves se enturbia con la nebulosa de unas cataratas premeditadamente descargadas en nuestras córneas.

Y si no vemos bien, perderemos el rumbo, nos daremos un descomunal batacazo y deberán pasar muchos años para reconstruir el mayor patrimonio que la sociedad nos dio cuando vinimos a este mundo: el de la confianza y la seguridad. Sí, ya sé que suena muy dramático, pero ese desencanto y esos temores están en la calle. Si no lo han hecho, abran la ventana y miren.

Y además verán que hay mucho veneno, rencores destructivos y fobias y que se corre una suerte de carrera para ver quién es más “anti…”. Hay que aplastar al contrario, ya sea porque piensa diferente,  porque está en el poder, porque está en la oposición , porque no se siente de un lugar determinado, o porque defiende que las cosas se pueden mejorar sin romper la cristalería.

Por ello me sigue pareciendo esperanzador ver que haya quien prefiera poner un ladrillo para construir en lugar de tirar de la piqueta para derribar. La actriz catalana Montserrat Carulla, pronunció unas profundas palabras en la entrega de los premios Gaudí de cine, que aún sobrevuelan sobre los beligerantes e intransigentes.

“Soy actriz, catalana e independentista” dijo, y advirtió después que su independentismo “no va en contra de nadie”. “Admiro la cultura y la lengua del pueblo español, pero lo quiero y lo admiro y lo quiero a mi lado como amiga, pero como una amiga en libertad”, remató en una frase que hay que releer palabra por palabra para medir su gran alcance. Yo, que no soy independentista, así lo he hecho.

Algo es algo, en este caso podría ser mucho más, si se extendiera ese lenguaje a quienes nos pastorean desde la levitación política y choricean a manos llenas. Nada más y, ya saben, el jueves, conecten La Primera y vean “Cuéntame” o algo que se le parezca en cualquier otro canal.

Javier ZULOAGA


lunes, 21 de enero de 2013

ROSA, LA CENTENARIA SONRIENTE

Se llama Rosa y acaba de cumplir 103 años. Maneja su  andador con seguridad para avanzar   entre una flota de sillas de ruedas. Va impecablemente peinada y no le quita ojo a quienes acuden  de visita al viejo e imponente caserón de Sant Gervasi, en Barcelona, al que el paso del tiempo ha acabado convirtiendo  en una buena residencia para personas mayores. Rosa, a poco que la saludas no tarde en decirte la edad que tiene. Seguramente  sabe que pocas cosas tienen más fuerza que el tiempo vivido. Y en su caso, por pura aritmética, más.

El lugar recuerda a los parajes que Eduardo Mendoza describe en “La Verdad del caso Savolta" y desde el mirador del jardín  se vislumbra la casa en la que vivió Joan Maragall y se intuye la cercanía del final de la calle Carrasco y Formiguera, que acaba su corto recorrido en las puertas del Colegio San Ignacio, tras arrancar, pocos metros abajo, en el  Paseo de la Bonanova.

Es una calle sin salida, como la vida misma de quien le da nombre, un católico con ideas propias, nacionalista venido de la Lliga, democristiano y  padre de Unió Democrática, que las recibió desde todos los lados y colores, el acoso de los anarquistas en Barcelona  y  el fusilamiento puro y duro de un pelotón que ejecutaba, en 1938, la sentencia de un tribunal militar de la Cruzada victoriosa. Si, de la Cruzada.

No sé  si Rosa me trató de “señor” o yo quiero idealizar que me dijo  “joven”, pero  consiguió que le prestara atención.  ¿En qué año debió nacer?, me dije….1909 el mismo en el que Barcelona vivió su semana más trágica, cuando los barceloneses que no podían librarse de ir a la guerra de África con el pago de una cuota, los que menos tenían,  dijeron “basta” a la movilización de reservistas.

Altercados en las calles, saqueos, muertos y una represión del Gobierno del conservador mallorquín Antonio Maura que aplastó la protesta, pero no pudo borrar el sentimiento de indignación de las clases más empobrecidas.

Fue también entonces, cuando mi amiga Rosa comenzaba a dar sus primeros pasos, pero sin ser aún consciente de lo que le rodeaba, cuando la convulsión social aumentaba, día tras día, desde la chispa de la huelga general 1902, en la que murieron catorce obreros en Barcelona;  y cuando España aún seguía sin digerir que los yanquis nos birlaran Cuba y se nos fueran de la mano casi todas las colonias.

Los libros de historia dicen, sin embargo, que todo aquello provocó el nacimiento del inconformismo que acompañó a aquellas plumas y cabezas pensantes reunidas en la Generación del 98, que con sus obras y sus debates de café hicieron más difícil que España languideciera peligrosamente hacia el fatalismo, aunque finalmente lo hiciera. Es decir, cuando Rosa crecía y comenzaba a ir al colegio, España dejaba de ser una metrópoli,  lo de Marruecos apuntaba mal, Barcelona hervía socialmente  y Cataluña comenzaba a ser el vecino peleón de España.

Sí, era  así de negro pero, sin embargo, había luces para la esperanza. El pensamiento, la reflexión y la inquietud cultural cobraban gran fuerza, de la misma manera que  la llamada sociedad civil tomaba la iniciativa como nunca antes se había visto.  Recuerdo que en 2004, cuando trabajaba en el Departamento de Comunicación de “la Caixa”, explicábamos en un dossier de prensa conmemorativo que, en 1904, cuando Moragas y Ferrer Vidal pusieron los cimientos de Caja de Pensiones, lo hicieron con el empuje y la iniciativa de los sectores más inquietos de la burguesía de la ciudad de Barcelona, que tomaron conciencia de que era necesario corregir algunos excesos de aquel sistema que no acababa de funcionar. Y no hicieron leyes porque no les correspondía, sino que pusieron fil a l´agulla  (hilo a la aguja) para que las cosas comenzaran a tirar.
Cuando vuelva encontrarme con Rosa, mi amiga del palacete de Sant Gervasi, no pienso preguntarle nada de toda esta historia gloriosa, no vaya a ser que se le vaya su gran sonrisa.

Javier ZULOAGA

viernes, 28 de diciembre de 2012

ARQUIMEDES Y EL GENERAL PRIM



Uno de los ejemplos más socorrido para ilustrar lo que es una evidencia para quienes hemos pasado escolarmente por el aprendizaje de la física, es el principio de Arquímedes. Cuentan, para ilustrar el enunciado y la comprensión de su fórmula, que Arquímedes descubrió que su cuerpo pesaba menos cuanta más agua había en la bañera en la que estaba dándose un baño.

Descubrió, ¡ahí es nada!, que dos y dos son cuatro, pero nadie lo había hecho antes, tal vez igual de forma parecida a cuando a Pitágoras se le abrieron los ojos al ver la relación cerril que su hipotenusa guardaba en relación a los catetos. Estos ejemplos, los más simples y tal vez universales, están en la hornacina de la lógica del mundo y son el contrapunto para quienes no acaban de entender por qué las cosas de la vida más corriente no pueden regirse, al menos un poco, por las bases del sentido común y la voluntad para que las cosas vayan bien.

Ya sé que es inocente intentar extender los principios de la evidencia a la solución de los problemas que las personas –más aún cuando caminamos en rebaño- no alcanzan a solucionar, pero es bueno que estén ahí, como muestra individual, de la misma manera que ha habido comportamientos públicos en nuestra historia política pasada, que sería bueno releer con el acompañamiento de una buena tila.

Si, aciertan en lo que piensan. Me refiero al debate-tensión-crispación y galería de desatinos en que ha acabado de convertirse el asunto  de Cataluña. Vivo en Barcelona hace 23 años y soy de esos españoles al que los años han acabado de convertir en  cómplice agradecido a esta gran tierra, Cataluña, a sus habitantes, los catalanes y que forma parte de ese colectivo incomprendido por diestra y por siniestra, de un lado y del otro. De momento –y nadie sabe como acabará toda esta historia- estoy en el bando de los perdedores, porque nos sentimos en tierra de nadie por lo que se refiere a nuestros pensamientos y aún más a nuestros sentimientos.

No voy a entrar al trapo, me falta arrojo y sobre todo ilusión. A estas alturas de la película somos muchos los que vivimos en un escenario que pinta peor que el que  vivimos durante más de 30 años en mi tierra vasca y que lo de Barcelona tiene hoy mucha peor pinta que lo de Vitoria. Todo ha llegado demasiado lejos y lo peor es que al mirar hacia atrás vemos la señal de dirección prohibida.

Ayer no había nada de lo que hablar, pero hoy las declaraciones públicas animan a lo contrario. ¿Galería o verdad?.

Hace poco más de tres meses, muchos miles de catalanes se emocionaban  al ver que su identidad les daba –en el corazón, que no en el bolsillo-  lo que su sentido de la solidaridad les decía que era insuficiente. Mientras, desde Huesca y Castellón hacia el este y el sur, aparecieron los patriotas que no saben lo que es un puente. Y, al acecho, como no, los oportunistas del rencor, los que saben sacar buen rédito de las frustraciones colectivas. No quiero escribir ni nombres ni siglas. A buen entendedor…

¿Y ahora?, ¡qué!

Hoy hemos leído en los diarios las crónicas sobre el 142 aniversario del asesinato del General Prim, un catalán que vivió en un  tiempo que no le tocaba y que, tal vez por ello, porque tenía la mente abierta, murió en calle del Turco de Madrid.

Léanse La Berlina de Prim , de Ian Gibson y saluden al año que se acerca con optimismo forzado sabiendo que lo que ahora ocurre no es precisamente una historia de novela.

¡Feliz año!

Javier ZULOAGA 

martes, 18 de diciembre de 2012

FELIZ NAVIDAD


"Cuando, más o menos a los catorce años, mi padre me convenció para que leyera "El Bosque animado", descubrí que había mucha más sustancia tras la línea en donde comienza la imaginación, que donde acaba la de la vida real. Menos mal, pensé a medida crecí, que existe un espacio para quienes no se conforman con la insuficiencia, la vulgaridad o el aburrimiento. Antes y después de que  Wenceslao Fernández Flórez escribiera y publicara este libro mágico, muchos, millones de plumas y teclas de maquinas de escribir y ordenadores, han seguido, ciegos, el camino que sus sueños les señalaban. Yo soy una de ellas y siento que pertenezco a una casta que  puede volar todo lo alto que quiera, sin caerse...y además sin dejar de vivir la vida real, con mis amigos y el recuerdo de quienes, en muy distintas circunstancias, se han cruzado conmigo. Tú eres uno de ellos y por eso te hago llegar este párrafo como regalo de Navidad"

Javier Zuloaga, diciembre de 2012

viernes, 30 de noviembre de 2012

EL PERIODISMO DE TRINCHERAS

Llevábamos sólo un par de  días de resacón tras las elecciones anticipadas de Cataluña. Mando de zappingtv en mano, tratábamos de huir de análisis y tertulias en las que se siguen mezclando en muy diferentes proporciones la objetividad y la pasión de los sentimientos personales.

Estaba a punto de rendirme y echarme en brazos de la lectura de La marca del meridiano ,-  el último premio Planeta, en la que Lorenzo Silva ha conseguido crear un mundo de beneméritos tricornios en torno a una muy buena trama- cuando TV3 comenzó a emitir  su programa Sense ficció . Título: Modernismo. Una historia de destrucción . Reportero: Lluis Permanyer, maestro de periodistas y cronista de lujo de lo que ha pasado y pasa a la capital catalana y que desde el primer minuto entró en las grandes verdades de la historia del Modernismo, sin duda el símbolo más universal de la personalidad de Barcelona.

Dejé mi libro a un lado porque podía continuar más adelante y sobre todo porque el asunto apuntaba bien. Con elegancia pero sin ambages ni pudor, tocando en la cresta a quien corresponda, el colaborador de “La Vanguardia” nos llevó a los tiempos en los que la obra de Antoni Gaudí, Puig i Cadafalch, Domenech y Montaner  y otros que siguieron las líneas más audaces que recuerda nuestra arquitectura, fue maltratada por los propios del lugar, alguno de los intelectuales o plumas más simbólicas de la literatura catalana, (Josep Pla) y quienes desde el franquismo querían quitarse de encima aquellas insignias del carácter de la Ciudad Condal.

Permanyer nos llevó de paseo por lo que ha sobrevivido y los productores de su programa hicieron ficción con efectos especiales y  fotografías de decenas de edificios del Ensanche que sucumbieron a la piqueta una vez sus propietarios, seguramente segunda o tercera generación de quienes hicieron posible su construcción, se rindieron a la fuerza del dinero, o nadie quiso romper una lanza para que todas aquellas joyas siguieran en pie.

El periodista nos puso frente a las cámaras imágenes de una Pedrera  que estremecían e hizo hablar a quienes vieron en primera línea el todo aquel desastre. Pinchen en el enlace y véanlo. Merece la pena.

Al apagar el televisor y marchar a dormir sentí que había vuelto al mundo real, que todo tiene una tregua y que las cosas interesantes de la vida normal, como era el caso del reportaje de Permanyer, comenzaban a abrirse camino, a encontrar un espacio aunque sea casi con calzador, en la vorágine informativa que genera la actividad política, en este caso me refiero, claro está, la que ha antecedido y sucede a las elecciones anticipadas al Parlamento de Cataluña.

No tema el lector, no voy a entrar en la cuestión, porque si así lo hiciera me estaría convirtiendo en cómplice de esa gran marabunta, en la que tantas veces el corazón puede sobre la cabeza.

Permanyer me llevó minutos después a pensar en  otro gran periodista catalán, Albert Montagut, que  pocos días atrás había presentado su última obra Newpaper, en la que hinca el diente  en el gran cambio que Internet le ha dado y le dará el mundo del periodismo. Tengo el libro en mi despacho, para leer sobre algo en lo que he tenido oportunidad de trabajar muy a fondo cuando fui responsable de la comunicación de la Fundación “la Caixa”. Los medios digitales, la digitalización de la información, absorbieron la ilusión, el tiempo y el esfuerzo del joven equipo con el que tuve la gran oportunidad de trabajar.

En sus palabras, Montagut no pudo evitar –porque no quiso- apuntar con el dedo a uno de los grandes males del periodismo de los tiempos que corren. Habló de la crisis del reporterismo, de esas informaciones que son consecuencia de la iniciativa de los periódicos para ir, mirar y después  contar sobre lo que está pasando en algún rincón del mundo, cerca o lejos.

Ese periodismo, que en las antiguas redacciones lo realizaban los redactores “de calle” sigue vivo gracias a los freelance,  algún que otro corresponsal y pocos más, que hacen posible que en tiempos en los que lo que importa son las audiencias,  siga existiendo una relación auténtica entre el lector y lo que realmente está ocurriendo.

Y me he preguntado sobre el momento en el que comenzó a languidecer el reporterismo de Albert Montagut y he viajado a una revista, “La Actualidad Española”, que fundó mi padre en 1952, el mismo año que yo nací, y he recordado que compartía espacio en los quioscos con semanarios en los que el reportaje era el género periodístico que mandaba. En Francia existía “Paris Match”, en Italia “Oggi”, en el Reino Unido “Time” o “Newsweek” en los Estados Unidos. Todas estas revistas existen, pero en España casi todo ha acabado desapareciendo.

¿Por dónde puede volver a renacer?

Pues regreso el comienzo de este artículo, al reportaje de Lluis Permanyer sobre la guerra sucia contra el Modernismo y me pregunto si en Internet las empresas de la información podrán y querrán competir contando cosas nuevas, de artesanía periodística, que destaquen sobre los moldes que hacen que los contenidos de los diarios se parezcan cada vez más entre si. Si todo sigue igual, los quioscos virtuales no serán rentables.

Javier ZULOAGA

lunes, 29 de octubre de 2012

JAVIER ZULOAGA DEBUTA EN EBOOK - NOTA DE PRENSA


.- “El hombre que pudo ser libre”  relata las inquietudes de un joven heredero de la burguesía industrial bilbaína a lo largo del siglo XX
.-“La Isla de los Rebeldes” se adentra en las tentaciones populistas de un lugar inconcreto del Caribe que, reconoce el autor, pudieron haber ocurrido o tal vez ocurran en cualquier lugar del planeta.

Barcelona 29 de octubre de 2012.- El escritor y periodista vasco Javier Zuloaga, ha debutado en la novela digital a través de Leer-e con sus dos primeras novelas, “El Hombre que pudo ser libre” y “La isla de los rebeldes”.

Las novelas digitalizadas están a la venta en Leer-es, FNAC y Amazon.

Zuloaga, Bilbao 1952, es autor de tres novelas, las dos que ahora salen al mercado digital y “Librería Libertad”, que con el mismo sello que las dos primeras, El Aleph (Edicions 62), sigue en las librerías. Una biografía novelada sobre el científico  catalán Manuel Ballester Boix, completa la obra de este autor.

“El hombre que pudo ser libre” relata  la agitada vida del joven heredero de una familia de la burguesía industrial bilbaína que se encontró ante el dilema de seguir el curso lógico de su dinastía o vivir una vida propia. Bilbao y más en concreto sus parajes más emblemáticos escenifican la juventud y adolescencia de Ramón Ayestarán, que se ve arrastrado por un destino que no pudo controlar y que le hacen deambular, entre otros momentos, durante la Guerra Civil Española.

“La Isla de los Rebeldes” se adentra en el complejo mundo de las tentaciones populistas de la política en San Gregorio, un lugar ya imaginado por Zuloaga en su primera obra. En San Gregorio, una isla del Caribe que no aparece en las cartas marinas, el escritor vasco escribe con empeño sobre una de las cuestiones que más le han ocupado durante su vida periodística y literaria: la manipulación de los sentimientos colectivos.

“Es evidente – dice Zuloaga- que la literatura en su conjunto ha iniciado ya un proceso de reparto por lo que se refiere a soportes y que no parece sensato ignorar que , como ha ocurrido en el periodismo, la digitalización tiene un  empuje natural. Yo mismo he acabado repartiendo mi tiempo de lectura” 

El novelista y escritor, que desde hace 23 años vive en Barcelona, ha desarrollado una intensa actividad profesional como director de tres diarios regionales en Castilla, el País Vasco y Baleares, ha sido corresponsal de EFE en Portugal, Argentina y Marruecos y redactor jefe de la Vanguardia. Desde 1989 hasta 2011 ha desempeñado la dirección de Comunicación de “la Caixa”, de la Obra Social de “la Caixa” y de Comunicación Interna de CaixaBank.

Representado por la Agencia Literaria de Carmen Balcells, Zuloaga actualmente última su cuarta novela, que saldrá al mercado editorial en formatos papel y digital, junto con la tercera , “Librería Libertad”, en formato para ebooks. Esta última tiene lugar en Barcelona, el Raval, y transcurre en los tiempos actuales, con evocaciones a la Barcelona tras la entrada de las tropas franquista en la capital catalana, en un entorno de intriga tras el asesinato de un policía durante la cumbre europea celebrada en la Ciudad Condal en 2002. Zuloaga publica regularmente sus artículos en el blog http://javierzuloaga.blogspot.com

Barcelona 29 de octubre de 2012

lunes, 22 de octubre de 2012

MARSÉ, RIDRUEJO Y CATALUÑA


No hay un auténtico debate público sobre la cuestión. Para que exista un verdadero debate público, el sufrido ciudadano debería recibir, además de los consabidos recortes y hostias de cada día con sus buenas pócimas de soflamas, delirios patrioteros y mentiras, debería recibir, digo, información veraz, útil y esclarecedora sobre cuál va a ser el encaje social, político y cultural de esa Catalunya independiente y soberana con el resto de España y con Europa. Habría que dialogar acerca de las consecuencias de ese desgarro, porque desgarro lo habría, pero yo no he oído a ningún líder político una solo idea a tener en cuenta sobre este asunto. Ni de un bando ni de otro. Hablan de dinero y de sentimientos: "Sentiments i centimets", podría titularse el discurso hipócrita de uno de ellos, y el del otro: "Hay que españolizar al Barça", por ejemplo. A mí me da lo mismo que los ineptos que nos gobiernan y que están llevando a tanta gente a la miseria y la desesperación tengan a bien otorgarme la identidad española o la catalana (y que se hagan la picha un lío con mi identidad cultural también me importa una higa), ninguna de las dos cosas me llena de entusiasmo y mucho menos de fervor patriótico. En cualquier caso, la patria que me proponen es un artefacto sentimental que no me gusta, y la gran Catalunya que nos prepara el señor Mas y sus habituales aplaudidores-muñidores tampoco me gusta. En vista de la falta de diálogo y la penuria de ideas exhibida por ambos Parlamentos, el de aquí y el de más allá del Ebro, permítanme exponer mi propia teoría acerca de asunto tan peliagudo. Nada de españolizar a los niños catalanes, ni de catalanizar a los niños españoles (bueno, esta última burrada no la ha dicho nadie todavía, pero esperen un poco y verán) Lo que hay que hacer es baturrizar España entera. !La baturrización total y absoluta de todos los españoles, gobernantes y gobernados, sería la solución definitiva al maldito problema identitario! !Baturricémonos todos y caminemos juntos y sin temor por la vía constitucional! ¡Y el ministro Wert el primero!


Así se despachaba ayer Juan Marsé en su respuesta a la gran encuesta que, desde hace dos semanas, viene ofreciendo "La Vanguardia" para conocer las reflexiones de personajes del mundo de la cultura sobre el momento soberanista que estamos viviendo. El autor de Últimas tardes con Teresa, fiel a su carácter, responde siguiendo la línea recta, sin dobleces, llamando a las cosas sobre las que piensa por su nombre, pidiendo –exigiendo- palabras claras y algo de diálogo sobre posibles desgarros, con menos penurias y menos artefactos sentimentales.

El padre de Pijoaparte,  pega un portazo intelectual en los morros de "el asunto", alejándose de los patriotas, los de uno y otro lado y haciendo mofa con una corrosiva propuesta, aunque, eso si, por la vía constitucional.

Al acabar de leer, pensé que los escritores, sean de ficción o no, lo tienen más fácil para  avanzar por los caminos de la reflexión cuando crean un personaje, hilan un argumento o sitúan el escenario de un nuevo libro. Las ideas, los pensamientos sobre los asuntos que más interesan, nacen con mayor facilidad cuando lo que se está haciendo es entrar en los detalles más profundos de una historia, de unos personajes o en una atmósfera que quieres que tus lectores puedan imaginar si hacer apenas esfuerzo.

A mi me ha ocurrido en las historias que he publicado y seguramente este blog es la resaca de la inquietud crónica que, como novelista, se ha ido apalancando en mi cabeza.

Ayer tomé de mi librería uno de mis libros más apreciados, de esos que no se prestan: Casi unas memorias, de Dionisio Ridruejo, poeta, fundador de la Falange, posiblemente uno de los intelectuales con mayor capacidad autocrítica que ha tenido España y por ello perseguido, confinado y encarcelado por el Régimen de Franco.

Compré este volumen por sugerencia de mis editores de El Aleph, (Edicions 62), que me  dirigieron por el buen camino para ambientar en mi última novela, Librería Libertad, cómo era la Barcelona  posterior a la entrada de las tropas nacionales. Entre quienes acompañaban a Yagüe iba el propio Ridruejo, del que este año celebramos el centenario de su nacimiento en el soriano Burgo de Osma,

Recordaba que había subrayado un párrafo potente, un tanto profético. Dice lo siguiente:

“Mis dos preocupaciones centrales en aquellas horas, eran que los catalanes no se sintieran invadidos ni discriminados en tanto que catalanes, ni los obreros de Barcelona sumergidos y desarmados en tanto que sindicalistas. Me parecía a mi entonces (y de entonces estoy hablando), que Cataluña podía soportar muy bien la revocación del Estatuto de autonomía, pero no la interdicción o el despojo de pertenencias fundamentales como la lengua o el estilo de vida.”

Aquel falangista derivado a socialdemócrata que murió pocos meses antes que Franco, le acababan de frenar, ¡inocente!, su iniciativa de mantener el catalán como lengua para comunicar a los vencedores con una población de raíces republicanas y con un alto sentido de pertenencia.

Si leen la autobiografía de Ridruejo (Editorial Península), encontrarán también ricas reflexiones de este gran pensador español sobre una Cataluña que acabó haciendo suya al tiempo que iniciaba su guerra imposible para cambiar al Régimen desde dentro del mismo Régimen.

1939-2012, setenta y tres años . Mucho tiempo. Seguro que en algún momento, en muchos, muchísimos, aquellas inquietudes de Ridruejo, pudieron  ser tomadas por quienes, desde un lado y desde el otro, desde España y desde Cataluña, podían haber sembrado una cosecha mejor que la que ahora estamos recogiendo.

La verdad es que entiendo perfectamente el cabreo de Marsé. 

lunes, 8 de octubre de 2012

LA GRAN TENTACIÓN



Los recientes resultados de las elecciones presidenciales en Venezuela, me han llevado a desempolvar de nuevo una de las cuestiones que más han ocupado mi atención en los últimos tiempos. Tanto fue así en el pasado, que en la segunda de mis novelas "La isla de los rebeldes" hice una incursión, con pocas bridas en mi imaginación, para ilustrar, a quienes me leyeron, que no existen límites cuando de lo que se trata es de manejar los sentimientos colectivos.

La lectura de unas fantásticas memorias escritas por el alemán Sebastián Haffner sobre lo que ocurrió en Alemania a la llegada del nazismo, me había esclavizado poco antes hasta el punto de no poder pasar de tapadillo y mirar hacia otro lado cuando, paseando por la vida, veía una y otra vez que los humanos, como mamíferos, tendemos peligrosamente  al gregarismo y nos integramos dócilmente en el rebaño, ya sea por razones étnicas, o peligrosamente si lo que nos ponen delante es la zanahoria electrizante.

Fruto de aquella lectura fue el artículo que publiqué en septiembre de 2007 en este mismo blog, "Los camaradas del miedo".

Que no teman mis amigos, los que de verdad me quieren, porque los tiros de estas líneas no van a ir a la línea de flotación de nadie en concreto, sino que, tal vez ilusamente, tratan de clamar en el desierto sobre los peligros que provoca la dilución de las ideas o sentimientos individuales en los del rebaño. No, no se trata de una vacuna, aunque no estaría mal que lo fuera.

Lo de Venezuela, mal que nos pese a quien no entendemos cómo este caudillo caribeño puede seguir seis años más , tiene el refrendo de muchos más votos de los que ha alcanzado el único opositor, Henrique Capriles, que ha tardado apenas minutos en felicitar a aquel coronel golpista que, una vez preso y condenado, fue indultado, inocente o perversamente, por el gobierno democristiano de Rafael Caldera. En ese momento nació el Hugo Chávez que tiene mandato hasta 2019 y que tardó muy poco en organizar el Movimiento V República para ganar unas elecciones en 1998 en un país desencantado por la mala gestión, la miseria de las capas más bajas de la sociedad y una gran corrupción.

Y es que resulta bastante más fácil rebozar a los ciudadanos en el desencanto que inculcarles la responsabilidad cívica e histórica. La mercadotecnia, la sutil camaradería de los intereses económicos ocultos, o el oportunismo frente a la debilidad del opositor ideológico y, sobretodo, la mansedumbre de rebaño; ahí están algunas de las claves, pienso yo. Más o menos lo que ocurrió en San Gregorio, república inexistente en la que situé mi segunda  novela para no ofender a nadie y andar yo más tranquilo.

En aquella isla del Caribe, como ocurre en las novelas y en las películas, no había mayorías silenciosas, término tan de moda entre la resistencia al cambio cuando está instalada en el poder, sino sólo minorías pensantes: un profesor de humanidades y un periodista de casta vieja. De la misma manera que en “Historia de un Alemán”, no salen pocas más conciencias inquietas que la de Sebastián Haffner, el autor de la obra.

El problema, me digo ahora, es cómo se desanda el camino de los errores caudillistas y colectivos. El tiempo va a un saco roto ya que la moviola se inventó para el futbol de la misma manera que el Ojo de Halcón persigue hasta el milímetro la validez, o no, de los “aces” en el tenis. Venezuela, un país tocado por el dedo del petróleo, tendrá que remontar, cuando lo decidan sus ciudadanos, un plano mucho más inclinado en el que casi todos se dejarán el resuello.

Pero habrá sido porque así lo ha querido la mayoría con su entusiasmo y su patriotismo. De la misma manera podríamos ir dando un paseo por el mapamundi para comprobar que el mundo está trufado de situaciones que, como ésta, comenzaron cuando unos pocos se dejaron llevar por la gran tentación.

Javier ZULOAGA


martes, 18 de septiembre de 2012

VIVIR DE PUNTILLAS


Dentro de pocos meses, La Pantera Rosa, ¡¡Pinchen aquí y recuerden su música!!, cumplirá cincuenta años.  En 1963, el director Blake Edwards dejó para la historia del celuloide un gran relato acerca de un diamante de gran valor que "El fantasma", un ladrón de guante blanco, tenía planeado robar.

Y para poner la guinda –cuentan los buscadores y wikis de Internet- sus productores convencieron al director para que recurriera a un animador que pusiera dibujos y música a los créditos iniciales y finales.  

Fritz Freleng, padre de Bugs Bunny, Porky Pig, Piolin y Speedy González, entre otras muchas criaturas creó la Pantera Rosa y  acudió, para ponerle música al asunto, a  Henry Mancini, Oscar de la Academia de Hollywood por sus notas en Victor Victoria.

 Aquel remate cinematográfico aplastó, por el éxito de la  figura, los movimientos,los gestos  y la música que acompañaba al caminar de puntillas de aquella pantera tan colorida, al argumento principal para el que actuaba de paréntesis. Fue de esa manera como  los imberbes que en los años 60 acudimos a ver aquella película tan original, no nos extrañamos lo más mínimo cuando vimos que el tiempo elevaba, a la categoría de protagonista  principal, a aquel animal musical que comenzó de comparsa.

Puede que fuera entonces cuando Popeye y el Pájaro Loco entraron en la prehistoria de la candidez infantil y se inició el comic para todas las edades, como  los Simpson, a veces tan corrosivo como la vida misma. No entraré  en más detalles sobre estos asuntos porque no llego más lejos.

Hoy La Pantera Rosa ha venido a mi cabeza después de darme  un paseo por el mundo  a través de las páginas de los diarios. He tenido la impresión de que vamos  por la vida de puntillas, como la Pantera Rosa. Más que nunca. Y no me refiero con ello a la literalidad de la expresión, sino a que el pobre ciudadano ha de mirar bien por donde ha de pisar para no resbalar y ver cosas de forma distinta a como son, en las deslizantes ambigüedades de quienes han hecho de la inconcreción, el doble lenguaje o las frases huecas, todo un arte.

Le adjudican a Manuel Fraga la advertencia que un día hizo a un periodista para que preguntara todo lo que le viniera a la cabeza, porque él iba a responder simplemente lo que le diera la gana. Aquel chascarrillo, si fue así, puede guardar relación con otro, anónimo y por ello patrimonio general de “Ni dice lo que sabe, ni sabe lo que dice”. 

De alguna manera, vemos repetidas esas dos escenas casi a diario, al ver de que manera los hombres públicos no hablan claro, se salen por peteneras, son capaces de montar una gran trifulca sobre una nube… o que ocultan la verdad….o que no entienden de lo que hablan, ni repajolera idea.

Tal vez haya sido esa la razón de que esta mañana haya volado sobre los titulares del diario pensando , una y otra vez: “más de lo mismo” y  me haya detenido en una noticia que para muchos puede pertenecer a universo de las cosas más prosaicas, pero que a mi me ha parecido trascendente y además concreta.

"Pescado en lata de ninguna parte" en la sección de Sociedad  de “El País” es una crónica en la que explica que las latas de conservas de pescado de la UE no deberán indicar, en su etiquetado, el origen del mejillón o la anchoa que duerme en su interior. Y será así tras la enmienda de la eurodiputada española Carmen Fraga, PP, que ha satisfecho a las  grandes industrias conserveras y preocupado a las artesanales, que ven en la distinción del origen una garantía. Es decir, si te tomas un mejillón de Arousa o una anchoa de Santoña has de saberlo, al margen de que las de origen desconocido desmerezcan, o no.

El asunto, cuenta la periodista, ha animado a la eurodiputada del PNV, Izaskun Bilbao a ponerse a pensar y proponer que haya un doble etiqueta, la que garantice –sin informar del origen de la conserva- que el producto se ajusta a las normas de la UE y una segunda en la que los artesanales puedan dejar constancia, a través de un sello, que aquellas conservas han acabado enlatadas siguiendo los métodos transmitidos generación tras generación. Es una solución clara.

Si, ya sé que estas minucias son casi intrascendentes si se miden con el rasero de lo que dicen los mercados, se compara con la trascendencia de lo que callan o disfrazan los hombres públicos o el relumbrón de las emociones multitudinarias. Por eso me detenido en esta historia, porque como muchos ciudadanos me siento últimamente un poco desbordado.

Y porque me gustan los mejillones en escabeche y las anchoas de mi tierra y la vecina Santander, aunque creo que a las panteras, sean rosas o no, son carnívoras.

Javier ZULOAGA

lunes, 3 de septiembre de 2012

HABLAR EN LA BAÑERA

Como muchísimos otros y otras, durante el mes de agosto pasado puse en marcha mi maquina personal para cambiar de hábitos. Las alpargatas, las bermudas y un cierto desaliño general en mi apariencia, habían igualado mi aspecto con el de muchos otros con los que me cruzaba cada día  en la Plaza de Vila de Torroella o en la calle d’Ullà cuando a las siete y media de la tarde me acercaba a la pescadería para ver que traía la furgoneta desde el puerto de Rosas.

Era igual que en años anteriores, pero puede que hasta éste –tal vez por el paso de los años- no me haya detenido a observar, sin prisas, los pequeños detalles de las cosas sencillas. Entre los que habíamos tirado, en la pescadería, del papelín del turno para comprar con orden unas buenas gambas y unos mejillones de roca, no había apenas señales para encuadrarnos en diferentes rebaños sociales o profesionales. Todos nos parecíamos en algo

Y en la playa no te quiero ni contar. Desde la impunidad de mis gafas de sol, he ido pasando revista a quienes paseaban de levante a poniente y de poniente a levante y he comprobado que descalzos, en bañador y ya bien bronceados, no seríamos capaces de acertar sobre nuestro perfil social y aún menos profesional. En la playa todos somos soldados rasos, cabos furrieles, comandantes o generales y es, por esa igualdad aparente, por lo que hay que tener especial cuidado en lo que se dice, ya que tu ruina puede estar al acecho, en la toalla más próxima.

Otra cosa es si alguien toma el sol en la cubierta de un yate. Eso es ya una pista elocuente que delata algo más.

Pero este verano he tenido una nueva experiencia. He estado cinco días compartiendo el escaso espacio de la bañera de un velero con personas a las que no conocía, siguiendo las instrucciones de Ignasi, nuestro joven instructor, de 19 años. En aquel velero, un “J” ,las tres personas adultas, una niña de 12 años y su hermano de 5, íbamos igualados en apariencia por los chalecos salvavidas. Todos de amarillo.

La tripulación de alumnos fue variando y por aquella bañera (situada a popa junto a la caña del timón), nos mirábamos las caras  y acabábamos comunicándonos personas de perfil muy distinto: un italiano que no quiso incorporar a su jerga marinera la hispana “virada” a babor o estribor y que consiguió que todos acabáramos llamandola a “virata”, tal vez como muestra del buen rollo que italianos y españoles compartimos en estos tiempos tan especiales.

 Para evitar males mayores y por iniciativa de un alumno cuyos atuendos hacían imposible imaginar su condición de diputado en el Congreso, todos nos identificamos. Fue prudente, por las mismas razones de lo de la toalla vecina que líneas arriba comentaba. Un empresario de por aquí cerca, sus dos hijos, un francés que trabaja en la administración de su país y un experto en turismo de nieve al que todos le tomamos sus coordenadas telefónica y de correo electrónico y yo, claro está. Los dos más jóvenes nos observaban con detalle y me atrevo a pensar que se llevaron a su casa, con la frescura y buen tino que son propios de los más pequeños, un buen retrato nuestro.

Hablábamos de todo, pero de nada en concreto y nuestros  teléfonos móviles estaban en la cabina del velero, descansando, al menos durante unas horas, de las torturas que les dedicamos tras haberlos convertido en tótems omnipresentes de nuestras vidas.

No caeré en el tópico de decir que la experiencia ha sido “irrepetible”, porque pienso volver, cuando pueda.

Pocos días después me senté en la biblioteca Pere Caner, en Calonge, cerca de Palamós. Fui invitado a charlar con los miembros del Club de Lectura, que se habían leído con detalle mi última novela “Librería Libertad”. Fue un encuentro auténtico, sin formalismos ni marketing de producto, en el que el lector tenía más recientes que el propio autor los detalles de la historia. Salí muy satisfecho, feliz, porque todo lo que escuché no tenía  desperdicio.

Fue también una bañera, mucho más grande, en la que nos sumergimos para comunicarnos como se ha hecho toda la vida, cara a cara, preguntando y respondiendo con la palabra.

Javier ZULOAGA   

viernes, 27 de julio de 2012

LAS VACACIONES DE JORGE MANRIQUE



Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor.


Puede que no sea ningún disparate escribir que en las vacaciones de verano muchas personas, tal vez la mayoría, se rencuentran con la vida real que les rodea. O dicho de otra manera, que el resto del año se vive en la superficie, en la epidermis de todo, sin aliento ni apenas tiempo para reflexionar y llegar al fondo de las cosas.

¿Quién de los dos “yos” es más auténtico?, ¿el currante?, ¿el veraneante?, ¿vivimos para trabajar?, ¿trabajamos para sobrevivir?. Seguramente Jorge Manrique, en el lejano siglo XV, lo tenía mucho más claro y se despachaba con unas coplas que, los nacidos antes de los años 60 tuvimos que recitar en clase sin medir el auténtico alcance de su significado.

Puede ser que Manrique, que además de poemas dedicó su tiempo a hurgar en las intrigas palaciegas entre Isabel I de Castilla y Juana la Beltraneja, no hubiera sabido expresarse tan claramente como lo hizo sobre el carácter efímero de la vida si le hubiéramos pedido, ahora en 2012, que fuera tan rotundo sobre la vida en el verano más incierto de los últimos decenios.

Seguramente hubiera vuelto a insistir en que cualquier tiempo pasado fue mejor, lo cuál tampoco nos habría sorprendido porque es más que evidente en los indicadores que nos apuntan a cómo va “la cosa”, buena parte de ellos reflejo de conceptos económicos y sociales bastante incomprensible para el ciudadano de a pie.

 Pero lo de que recuerde el alma dormida tendría más enjundia en su viaje desde el siglo XV al XXI, lo mismo  que aquello de que avive el seso y despierte y la rapidez con que se va el placer y lo que duele recordarlo pasado el tiempo. No es que Manrique tuviera ideas claras, que las tenía, sino que se detuvo a mirar todo lo que le rodeaba, muy posiblemente porque estaba o se iba de vacaciones.

Ahora nos toca hacerlo a una buena parte de la población española. ¡Hasta la vuelta colegas! Debe ser una de las frases más escuchadas en los lugares de trabajo. Viajando o quedándonos en casa, vamos a tener el tiempo de vacaciones que, de forma audaz, he adjudicado a Jorge Manrique cuando escribió sus Coplas a la muerte de su padre

No, no deseo que nadie reflexione con pluma funeraria, basta con que lo haga sobre muchas otras cuestiones que nos preocupan pero que no lo hagan de forma exhaustiva, ya que los ánimos están bastante zurrados y hay que ir poniendo, aunque sea muy poco a poco, los cimientos del optimismo.

¡Hasta septiembre!

Javier ZULOAGA

domingo, 8 de julio de 2012

LA “COSA NOSTRA”

No se alarme lector, no me voy a meter por los peligrosos caminos de  Vito Corleone,  "El Padrino", aquel siciliano inmortalizado por Mario Puzo, el mismo que no tuvo pelos en la lengua al describir la historia oscura del Papa Borgia, singular excepción hispana en la dinastía vaticana . No, hoy me voy a ceñir a la etimología de las lenguas romanas, a aquellas que se fueron alejando por invasiones y guerras de sucesión.

¿La Cosa Nostra?. No, no va de mafias  sino de lo que tenemos más al alcance de la mano. Sí, lo nuestro, nosotros, aquello que prevalece ante los cataclismos políticos, sociales o de cualquier otra clase. Aquello que sobrevive frente a la impericia, la inmundicia y la irresponsabilidad de quienes, uno tras otro, u otro tras uno, tienen en su mano algo muy simple: mirarse en el ombligo, o generosamente un poco más allá… hacia donde las siguientes generaciones agradecerán o renegarán de nuestras decisiones.

Si, “La Cosa Nostra” de este artículo pretende ponerme a salvo de las tormentas de ideas, soflamas, teorías infudamentadas  o, como un día me mijo C.J.Cela en las fiestas de San Juan en Soria, de los “Cipotillos de solapa”, que era como llamaba a las genialidades humanas sin la menor trascendencia.

He tirado de mi biblioteca más querida : “Él era como Perú, Zavalita se había jodido en algún momento. Piensa: ¿en cuál?. Frente al hotel Crillón un perro viene a lamerle los pies: no vayas a estar rabioso, fuera de aquí. El Perú jodido, piensa, Carlitos jodido, todos jodidos. Piensa: no hay solución”

Son algunas de las primeras líneas de que “Conversación en la catedral”, la novela cuyo autor, Mario Vargas Llosa dice que sería la primera, incluso la única si no pudiera más, que salvaría si su barco estuviera naufragando.

Para muchos es una de sus obras maestras y si en “La fiesta del Chivo”, engancha al lector en todo lo que rodeó el final del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo (1961), en “Conversación en la Catedral”, el Nóbel peruano conduce los diálogos de Zavalita y el Zambo Ambrosio sobre la libertad, durante los ocho años, (1948-1956) en los que Perú fue gobernada con mano de hierro por el general Manuel Apolinario Odria. “La podredumbre moral de Perú” fue, según el autor, buena parte de la materia prima de esta obra.

No es comparable, pero es inevitable si has leído al peruano y estás vivo ahora,  mirarte en el espejo y preguntarte si nosotros, en España, con todas las distancias  debidas, vivimos ahora en momentos parecidos a los de muy baja autoestima y cierto derrotismo, como los que el escritor de Arequipa describe en sus obras de forma tan certera.

Desde que decidí escribir este artículo, he ido tomando el pulso a la calle, prestando mayor atención, a través de conversaciones con amigos y conocidos, leyendo periódicos, oyendo emisoras de radio y viendo informativos de televisión, sin recurrir a estadísticas ni encuestas… a pelo. ¿Qué está pasando?

Siempre, al agotarme frente a las reflexiones, macro o microeconómicas de todo tipo, después de mirar escépticamente debajo de nuestras alfombras sociales buscando culpables pasados y presentes, de comprobar que en España dos y dos no son cuatro si “los mercados” no coinciden en ello, he acabado concluyendo en algo que, bien escrito, todo el mundo comprende: La gente, además de muy desorientada, está cabreada, muy cabreada.

Es el común denominador del desaliento, de la desmoralización, de la desorientación, de la depresión, de la desesperanza, de desquiciamiento, del desequilibrio o del sentimiento de derrota, por acudir sólo a algunos de esos momentos que empiezan con “de” que cada día se extienden más entre la sociedad española.

Se vive en el sobresalto, el miedo, la indignación y la incredulidad frente a lo que se anunció ayer y hoy se ha diluido como un azucarillo. En la paradoja permanente al comprobar que aquello de la Gran Europa no ha sido posible en lo político y camina a no serlo tampoco en lo económico.

Todo se ha evaporado porque no era real, ¿o sí?, porque no podía ser que el más pillo fuera el que más medraba,  y que el que movía más audazmente sus opciones en el Monopoly recibía el reconocimiento público, mientras que no se ha acertado, o no se ha querido, divulgar de forma convincente la cultura del esfuerzo, del ahorro y de saber sortear lo superfluo. Y creo que en el olvido de esa palabra, o en su desprecio, radican buena parte de nuestros males.

Y no me refiero a lo superfluo de cada uno, aunque también, sino a todo aquello de la “Cosa Nostra”, la vida pública, en la que nuestros dineros no han sido gestionados de forma prudente, sino con alegría frívola, pensando que eran para siempre. “Por la gracia de Dios”.

Se ha hecho –hablo en impersonal porque no quiero adjudicar a nadie en concreto lo que es responsabilidad de toda la sociedad- justo lo contrario de lo que han hecho los países que ahora viven sin la soga al cuello. Aquí se ha ostentado de lo innecesario y hemos hinchado de forma grosera un aparato administrativo de dimensiones que escandalizan en nuestros sobrios vecinos del norte. Se le ha dado capacidad y poder millonario –letalmente para el endeudamiento- a muchos que no tienen preparación y en ocasiones ni ética para ello, aunque hayan sido electos, y hemos dejado que se hinche un globo que finalmente ha estallado. ¡Aquí hay muchos responsables!. ¡Todos hemos sido unos irresponsables porque estaba pasando y no veíamos a un palmo de nuestras narices, o callábamos!

Nos lo hemos ganado a pulso y ahora no hay gobernante ni organización supranacional que nos libre de la que nos está cayendo encima, ni de la que se avecina, a pesar de la carrera contrarreloj de reformas administrativas, ni de anuncios como el de quitarles el bocata a los reclusos que resultan insultantes para la inteligencia.

Lo aguantaremos todo porque no tenemos más remedio y nos conformaremos, ¿ilusos?,  con que la amnesia no vuelva a apoderarse de nosotros y que, mientras, se comience a mirar a la raíz de los problemas. No a los síntomas, sino a las causas de lo que hoy nos está ocurriendo.

Javier ZULOAGA

miércoles, 27 de junio de 2012

ATENDER AL CLIENTE

“Servicio de atención al cliente de ……si desea ser atendido en castellano, pulse 1, en catalán, 2…
Si desea contactar con el departamento comercial, pulse 1, si se trata de una avería, pulse 2, si es por alguna otro motivo, permanezca a la espera….” (pulso 1)

-Buenos días, le habla  Vanessa, ¿puede darme el número de su DNI?..... buenos días don Francisco, ¿en qué le puedo ayudar?

-Mire, se trata de la última factura de electricidad, que es el resultado de dos lecturas “estimadas” del contador…

-Imposible don Francisco, su factura, que la tengo en pantalla, tiene una última lectura “real”, así que su factura es errónea.

-Perdone. Pero es que la factura no es mía, sino de ustedes.

-Un momento por favor, que transfiero la llamada a uno de nuestros asesores, no cuelgue don Francisco…

-Buenos días, le habla Luis Miguel,  ¿me puede facilita su DNI por favor

-Pero si ya se lo he dado a su compañera.

-Señor Francisco, si no me da el DNI no podré asesorarle

-….

-¿En qué puedo ayudarle?

- Pues que mi última factura eléctrica se ha hecho sobre dos lecturas estimadas y….

-Imposible, la última real, su factura no es correcta

-¡Que caray!, pero si la factura no es mía, es de ustedes. Yo soy el que paga la factura y la llamada al 902….

-Un momento que transfiero la llamada al departamento de incidencias…. (fin de la conversación por desesperación de don Francisco)

Real como la vida misma. Hace dos días, el lunes 25 de junio de 22012, ciento setenta y nueve años después de que Mariano José Larra publicara en su revista “El pobrecito hablador” el mítico artículo “Vuelva usted mañana”, cuatro o cinco generaciones después, he querido leerlo para consolarme y llorar mis penas de consumidor tratado de forma implacable, como cualquier otro, por un sistema que te hace identificarte una y otra vez –de momento no exige el santo y seña-  y en el que tu problema es como una pelota de ping pong que  no para de botar hasta que, con la tensión un poco más alta, acabas hundido en la frustraciones y decides olvidarte de ella.

Si, es verdad que hay de todo, incluso una compañía energética de Barcelona que ha hecho del teléfono una herramienta eficiente, pero lo cierto es que en este invento de los “call center” de empresas de servicios, predominan los clientes desesperados, muy desesperados y los preocupantemente desesperados  y aunque no existen estadísticas sobre el nivel de irritación que provocan, basta con que le cuentes a un conocido la historia del señor Francisco y su factura con la que he comenzado este artículo, para que él te responda con algo, tan o más disparatado, que le ha ocurrido cuando ha marcado algún 902…..

Yo me pregunto que habría escrito Larra si en lugar de darse de bruces con un sistema desesperante  pero que al menos tenía cara y ojos, lo hubiera hecho planteando su problema a señoritas o caballeros que cuando hablan a saber desde donde, tienen una gran chuleta en la que están todas las respuestas posibles a todas las preguntas posibles…o la indicación de a quien le pueden dar el pase del asunto, si es mínimamente peliagudo.
Nada más, qué les voy a contar que ustedes no sepan. Por ello déjenme que les regale unos párrafos de Larra sobre la burocracia administrativa del siglo XIX español. Era muy posiblemente más dramática, pero al menos inspiraba a los grandes articulistas.

“A los cuatro días volvimos a saber el éxito de nuestra pretensión.  Vuelva usted mañana, nos dijo el portero. El oficial de la mesa no ha venido hoy. “Gran causa le habrá detenido» dije yo entre mí. Fuímonos a dar un paseo, y nos encontramos, ¡qué casualidad!, al oficial de la mesa en el Retiro, ocupadísimo en dar una vuelta con su señora al hermoso sol de los inviernos claros de Madrid.
Martes era al día siguiente, y nos dijo elportero: Vuelva usted mañana, porque el señor oficial de la mesa no da audiencia hoy. “Grandes negocios habrán cargado sobre él», dije yo.
Como soy el diablo y aún he sido duende, busqué ocasión de echar una ojeada por el agujero de una cerradura. Su señoría estaba echando un cigarrito al  brasero, y con una charada del Correo entre manos que le debía costar trabajo el  acertar. «Es imposible verle hoy, le dije a mi compañero; su señoría está en efecto ocupadísimo.» 

Javier ZULOAGA